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Perfumes Cartier para hombre
Corría el año 1847 cuando Louis-François Cartier retomaba el taller de joyería de su maestro, Adolphe Picard, situado en el 29 de la rue Montorgueil de París. El taller iba adquiriendo forma y abría sus puertas en 1853 a la clientela privada. Tras un periodo turbulento, París recuperaba su alegría y el esplendor del Segundo Imperio favorecía la expansión del comercio. En 1859, Cartier prospera y se instala en el 9 boulevard des Italiens, en el corazón del París mundano de la época.
En 1899, Alfred Cartier, hijo del fundador, se instala en el número 13 de la prestigiosa rue de la Paix, en el corazón mismo del París de la elegancia y el lujo. Se trata de la calle más cara de París, donde cualquier persona elegante podía encontrar todo lo que desea adquirir. Siguiendo su ejemplo, otros joyeros se instalaban en la rue de la Paix y en la cercana place Vendôme, convirtiendo este barrio de Paris en el corazón internacional de la joyería.
Alfred Cartier confía a sus tres hijos, Louis, Pierre y Jacques, la dirección de Cartier. Mientras Pierre y Jacques parten a la conquista del mundo y se instalan unos años más tarde en Londres y Nueva York, Louis garantiza la continuidad de la Maison de París, donde se concentrans todas las energias. Gracias a su influencia, Cartier adquiere renombre internacional, a partir de París.
Muy pronto, Cartier decide abrir una sucursal en Londres. Así, a petición de su padre Alfred, Pierre Cartier se instala un tiempo en la capital londinense con la finalidad de responder a la demanda de la aristocracia inglesa, ante los preparativos para la coronación de Eduardo VII. Pronto se le unirá su hermano Jacques Cartier, y, en 1902, fecha de apertura de las tiendas en el 4 New Burlington Street, ambos asumen la dirección de la tienda.
Cartier se convierte en el joyero más prestigioso del mundo. El príncipe de Galles, futuro Eduardo VII, expresa esta obviedad al proclamar a Carier “joyero de reyes y rey de joyeros”.
Por aquel entonces, Alfred Cartier y sus tres hijos, Louis, Pierre y Jacques, aportan a Cartier el impulso creativo y el ámbito internacional que le han permitido perdurar a lo largo de todo un siglo hasta llegar a nuestros días.